Introducción: mirada a los territorios más violentos de Antioquia

Entre 2010 y 2018 asesinaron en Antioquia a 23.746 personas: 21.850 hombres y 1.896 mujeres. Las tasas de homicidios más altas se presentaron en municipios del Norte, Nordeste y Bajo Cauca.
Foto: Santiago Rodríguez

Las estadísticas de homicidios en el departamento de Antioquia, durante los últimos ocho años, no reflejan algo distinto a lo que históricamente ha sido esta zona del país. La presencia de actores armados, el cultivo de plantas de uso ilícito, la ruptura de alianzas criminales, la minería a gran escala, el microtráfico, la construcción de megaproyectos y la débil presencia estatal, hacen que la violencia sea evidente y se ilustre a la perfección en la metáfora de “territorio de plomo”.

Como se observa en el mapa, las regiones del Bajo Cauca, Norte, Nordeste, Occidente y Suroeste antioqueño son las que presentan las tasas de homicidios más altas entre 2010 y 2018. Los cinco municipios con las tasas más altas fuero en su orden: Briceño, Vegachí, Segovia, Zaragoza e Ituango.

Los colores más oscuros indican las tasas de homicidios más altas. Briceño,en la subreción del Norte, fue el municipio con la tasa de homicidios más alta durante el periodo 2010-2018.

La disputa por el control de los territorios, que se libra entre guerrillas, paramilitares y bandas criminales, es una constante en las regiones mencionadas. Por un lado, estas zonas son estratégicas al estar cerca de lugares como la Serranía de San Lucas y el Nudo de Paramillo, además, algunas sirven como vía de acceso al Urabá antioqueño: la salida al mar. Así mismo, mediante las disputas se busca el dominio de rentas ilegales como el microtráfico, los cultivos ilícitos y la extorsión a la minería.

En del período estudiado (2010 – 2018) se firmó el Acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia —Farc—, hecho que tuvo un fuerte impacto en los registros de homicidios, provocando en la mayoría de los municipios una reducción en las tasas —especialmente en los del Norte—, tal como sucedió en el municipio de Anorí, donde se encuentra el Espacio Territorial de Reincorporación y Capacitación —ETCR— La Plancha, en el que se desmovilizó el Frente 36 de las Farc. No obstante, esta tendencia de disminución se mantuvo por poco tiempo, debido a la poca eficiencia estatal para ocupar los espacios que dejaba la guerrilla, se configuraron nuevas dinámicas entre los actores que quedaban y que querían cooptar dichos espacios.

En Antioquia confluyen distintos grupos armados, principalmente las Autodefensas Gaitanistas de Colombia —también llamadas Clan del Golfo o Clan Úsuga—. Este grupo hace presencia en todas las zonas estudiadas, y ha sido protagonista de conflictos en el Bajo Cauca, contra el grupo residual de los paramilitares llamado “Caparrapos”, o bloque Virgilio Peralta Arenas. En el Norte se ha adueñado del control de los cultivos de coca —en Briceño, Ituango y Valdivia—, y del microtráfico —en los municipios de Toledo y San Andrés de Cuerquia—. En el Nordeste, se ha peleado el control de la minería de Anorí, Remedios, y Segovia, y finalmente, hace presencia en el Occidente, en municipios como Giraldo y Buriticá, de nuevo por la existencia de un atractivo económico: el oro.  

Otros actores importantes son el Ejército Nacional de Liberación —ELN—, con presencia en el Nordeste y el Bajo Cauca; las disidencias de las Farc, en especial del Frente 18 y 36 en el Norte de Antioquia; y las bandas delincuenciales como Los Pachelly, que han llegado a pelearse el control de las rentas ilegales en municipios como Toledo y San Andrés de Cuerquia.

En el caso de Betania , ubicado en el Suroeste antioqueño, los homicidios no tuvieron tanta relación con enfrentamientos entre estructuras. Obedecieron más bien a ajustes de cuentas, violencia intrafamiliar, y a la venta de drogas que aumenta en épocas de recolección de café. Municipios como Armenia y Heliconia, del Occidente antioqueño, sirven como corredor para el transporte de drogas y armas, y son, además, otros de los territorios en los que tienen presencia las AGC.  

Este proyecto colectivo se propone ahondar, por medio del análisis de datos, las voces de la comunidad, de expertos, de la oficialidad y de fuentes documentales, en los contextos de los municipios que presentaron las mayores tasas de homicidios en el período 2010 – 2018, con los suficientes elementos para entender por qué Antioquia es un territorio de plomo.

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